Me devastaste. Yo, rendida a tus pies intenté no seguir haciéndome mal. No quería correr atrás tuyo. Me lastimaba, me sentía menos. Pediste separarnos, y acepté tu decisión: mis fuerzas para correr detrás tuyo ya no existían. Mencionaste sentirte mal, no poder lidiar con tu rencor hacia mí, no poder dejar de hacerme mal. Por ese motivo decidiste dejarme.
Juraste volver, dijiste que no amarías otra vez a alguien como lo hiciste conmigo, y que el destino nos volvería a juntar.
Yo, perdida, seguí tus palabras y en ese momento acepté tu decisión, que era mitad mía. Hoy, de verdad, no sé que hacer. Si salir a buscarte, si seguirte esperando, pero en verdad no la paso bien. Duermo y despierto pensándote, vivo cada momento pendiente de vos, no me hace bien. Ni siquiera sé si quiero olvidarte, si es la costumbre que te extraña o si de verdad es mi corazón. 
Veo cosas que no quiero ver, tengo pensamientos que no quiero tener, todo por tu repentina decisión. ¿Volverás, otra vez? Sinceramente ya no lo sé. Ni siquiera sé si quiero que vuelvas. Quizá me contradiga, pero es así como pienso: mi cabeza está revoloteada y ya no quiere saber más nada. 

Entradas populares de este blog

Peace is the way of love