Nos miramos a los ojos, los dos quedamos paralizados, el uno con el otro...qué bien se siente. Te acercas, de a poco te acercas y tus pupilas ahora se dirijen a mis labios, quienes rozan tu boca, y poco a poco nos fundimos en un beso apasionado. Lentamente vas acariciando mi espalda, yo perdiéndome en tus cabellos, ambos deseando más y más. Toco tus huesos, ay qué bien se siente. Tú te atreves a ir más allá, por debajo de mi ropa y el beso sigue. Ambos sabemos hacia dónde queremos llegar. Mi corazón late a la par del tuyo, cada vez más rápido, sintiendo cada roce, cada caricia. Tú vienes a mi, me miras desde encima, me pierdo otra vez en tus ojos y me sonríes: me desvanezco. Te sonrío a la vez que mis brazos abrazan tu cuello, decididos a entregarse. Y te fundes en mí, tal como el hielo al sol ambos nos derretimos. Sabemos todo el amor que hay, todo lo que se siente. Tus ojos brillan con pasión, los míos se transforman en un océano lleno de sentimientos y no te quiero dejar ir. Nos elevamos poco a poco y todo se siente tan relajante, tan placentero. Ninguno quiere salir de allí. Ese instante, es ese momento el que nos une completamente y nos transformamos en uno solo. Porque eso somos, dos almas en una sola, dos almas que nunca creyeron enamorarse y hoy el destino los sorprende cada vez más con cada sensación. Ese momento de gloria débilmente se va a apagando, tú te acuestas, yo te abrazo, sonreímos y allí... justo allí es donde para toda la vida me quiero quedar


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