Es una tarde fría a fines de invierno, yo, aquí, sentada frente a la mesa, no puedo soportar el peso de tanto pensar. Es que, indudablemente, siento un vacío, una parte de mí está incierta, no logro entender qué pasó. Mi cabeza da vueltas y vueltas, y mientras miro por la ventana añoro tus abrazos. Es que nunca experimenté la sensación de abandono, nunca creí padecerla... se siente tan, no sé cuál sería la palabra... profundo, quizás.
No puedo desahogar esta culpa que tanto me pesa, siento no poderla quitar de mi. Por más que lo intente, caminar me cuesta. Y ni hablar de sonreír.
Es que sé que en tu corazón estoy, sé que marqué tu piel, y no podría huir por más que quiera. De verdad duele, quizás crees que no, pero sentirte tan lejos mío y tan cerca de otras personas, me está volviendo loca. 
No quiero pensar más, no logro encontrar el botón de apagar mi mente por unos segundos y tomar un respiro... Es que, yo ya sé que hacer, yo sé que mi futuro es con vos, sé que estamos destinados: pero un puente no se sostiene de un solo lado. 
Tengo miedo de que, este puente que construimos se destruya. Que se oxide de un lado, y nunca sea posible llegar al otro. Y no puedo vivir temiendo... 


de verdad, espero el día en que aparezcas tocando mi puerta, y así abrazarte, besarte, no soltarte más

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