Son esos ojos, los cuales despiertan en mí nuevos horizontes. Los dos tan achinados, a la par de tu sonrisa, como dos rayas nadando en el océano profundo. Y tu risita, radiante, no podría faltar. En mis días la suelo necesitar, me invita a ser feliz. Son esas cejas levantadas mirándome fijo, esperando una reacción, una respuesta. Son esos gestos irremediables, de los cuales no puedo salir, me hundo en lo que sería una señal de placer y me siento completa.
Es que, la intensidad de tu mirada me deja perpleja, no puedo evitar sonreír cuando tu boca lo hace. Tus besos despiertan en mí todo tipo de sentido, y es ahí cuando nunca podría dejarte. Un abrazo tuyo es, la puerta al paraíso. Y tu piel... ¡Ay, tu piel! Mi alma no puede evitar tocarla, porque es allí donde se paraliza, se suaviza, se renace y comienza a tiritar.



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