Es una tarde fría, afuera llueve. Mi cabello desparramado por tus sábanas, tus pupilas orbitando alrededor de mis ojos, no puedo pedir más. Tu sonrisa despliega hermosura y una lágrima lenta y amorosa dejas caer. Nos inundamos en una tormenta sombría, uno al lado del otro, abrazados. Nada ni nadie podría irrumpir con este momento. Invadiendo el aire está, ese amor que tanto añorábamos. Hacía siglos no sentía aquello, no me sentía tan atontada con un simple gesto.
Peace is the way of love
Nunca perdí el impulso de seguir. De entender dónde si y dónde no. Nunca dejé de interpretar señales, de escucharme a mi, aunque a veces todo sea ensordecedor. Siempre me tuve, ahí, firme y guiándome, aún en esos momentos que me costaba salir de la cama, que me costaba poderme mantener en pie. Ahí estuve, abrazándome, aunque la niebla no me dejara ver. Nunca me perdí, jamás, siempre me tuve, aunque ese "tenerme" haya sido de manera celestial, espiritual, etérea. Siempre pude hablar conmigo, a través de una pluma, a través de un papel. Nunca dejé mis cuadernos, ni mis libros, ni el ejercicio de mi mente. Eso siempre me impulsó a seguir. Eso, se puede decir, mi esencia, me acompaña hace un gran tiempo. Y es mi impulso, mi mente es mi impulso, aquella que siempre sabe dónde dirigirse aunque se encuentre por momentos en un vaivén de posibilidades. A ella escuché, a veces más y a veces menos, supe cuándo escucharla y cuándo tenía la posibilidad de ignorarla. Decidí ver y decidí c...