No es fácil empezar a describir lo que en verdad sucedió. Tengo breves memorias fugaces de lo que tuvimos, eso que alguna vez fue nuestro.
Sabía que íbamos a estar juntos, desde el primer momento que llamaste mi atención. Desde ése segundo en el que apareciste en mis memorias visuales; y robaste mis pensamientos para ocupar tu lugar. Y no fue casualidad, claro que no. Sentí haber marcado en vos tanto como lo hiciste conmigo.
Y es por eso que hoy sos tan importante para mí, aunque ya no te tenga.
Aunque te haya poseído años atrás, aunque ya todo no sea lo mismo.
Aunque tengas tus amantes, aunque yo tenga los míos; siempre quedarás en ese espacio que marcaste en mi corazón.
Y deberías sentirte orgulloso, porque cuando no hay nadie presente, yo me acuerdo de vos; de cómo te quería y cómo lo sigo haciendo. Que sos un ser de oro, te lo he dicho mil veces. Que no cualquiera es como vos, nadie tiene tus cualidades y personalidad. Que sos brillante por más que nunca lo quisiste admitir...
Me siento tan inútil al haberte dejado ir, al haber roto la indefectibilidad con la que nos hablábamos... Al haberte perdido.
Te veo ahí parado, te cruzo, ¡hasta nuestros ojos se cruzan como solían hacerlo años atrás! Pero nada. El sentimiento ya no es el mismo, el fuego se apagó y la mirada cambia de dirección, sin gesto alguno. ¡Qué tristeza!
Y maldigo la vergüenza que me hace no saber nada de vos; que me hace incapaz de seguirte conociendo, esa traba que me impide entablar una conversación, preguntarte como estás, si la vida te sonríe.
Y sin exagerar, me bastaría con preguntarte un cómo estás. Con saludarte una vez más. Con rozarte, sólo rozarte. Suena irónico, pero nadie podría descifrar el significado que eso posee en mí.
Y juré no olvidarte nunca. Quizá porque fuiste mi primer amor, quizá porque fuiste el hombre que más me quiso y respetó, quizá, quizá... Habitarás mis memorias por el resto de mis días.
Juro seguir queriéndote, prometo permanecer en tu vida siempre que lo permitas, sea cerca, sea lejos... Así como me confundí al dejarte ir, no cometeré el mismo error. Esta vez no te dejaré ir de mi corazón, de mi alma, de mi.
Y juro esperarte con los brazos abiertos, con una sonrisa plasmada consecuente de tu presencia. Desearía volver a besarte, aunque sea un minuto más. Volver a acariciarte una eternidad, volver a tenerte, guardar tu sonrisa y no borrarla jamás.