Son las gotas, que envuelven este silencioso vacío celestial.
Es el viento, quien despierta sextos sentidos en cada cuerpo vivo.
Son las nubes, es la noche... los que permiten encontrarme sigilosamente.
Son los segundos, los que corren al compás del sonido de esta maravillosa lluvia.
Es el frío quien refresca mis alrededores y me hace sentir... tan bien.
Desde mi ventana puedo admirar increíbles vistas, reflexionar y abrir caminos en mi mente. No estaré en Amsterdam, pero realmente siento como si lo estuviera. La paz, la tranquilidad verdaderamente se puede percibir.
Ya casi son las 6, y los minutos corren a la velocidad de una liebre fiel a sus distancias. Por primera vez siento paz en mí. Me siento bien, realmente liberada. Ni un sonido, excepto el de los postigos chocando contra los marcos a causa del viento. Pero nada parece estorbarme, la lluvia me envuelve en armonía. Recibo finalmente un nuevo amanecer. De mi gusto saldría por la costa para admirar este espléndido espectáculo. En la vida...,o al menos en la mía no se puede encontrar algo más bello que admirar los radiantes y mágicos rayos del sol asomándose por el mismísimo confín. Finalmente, una nueva mañana... una nueva movida. Las personas que habitan en la ciudad del mar de plata, se despabilan ante el sonido del despertador. Es hora de volver a la vieja rutina... ¿Pero quién dice que eso es agobiante? Un nuevo día implica nuevas sensaciones, nuevos aprendizajes, nuevos humores... La gente se siente felíz, con la esperanza de hacer de este hábito abrumador, una nueva melodía.
Milagros