Cuando todo creías que era inmóvil y que ya nada podría llegar a cambiar, surgió una breve alteración. Eso que pensabas como inigualable se derritió y cambió su masa. Puede ser que el volumen haya persistido, pero ya no tenía la misma esencia. Había algo distinto en su interior, que cambiaba completamente los sentidos. Tocarlo y percibirlo ya no era lo mismo, la magia se había esfumado. Millones de sentimientos comenzaron a subsistir, peleando uno y el otro para que la masa vuelva a su valor original, algo que ya se consideraba irrealizable. Sollozos emergían y, lágrima por lágrima exhalaban lamentares. Distorsionar algo que ya había sido reformado sonaba inverosímil. Someterse era el término elevado, ya no había disyuntivas.
Peace is the way of love
Nunca perdí el impulso de seguir. De entender dónde si y dónde no. Nunca dejé de interpretar señales, de escucharme a mi, aunque a veces todo sea ensordecedor. Siempre me tuve, ahí, firme y guiándome, aún en esos momentos que me costaba salir de la cama, que me costaba poderme mantener en pie. Ahí estuve, abrazándome, aunque la niebla no me dejara ver. Nunca me perdí, jamás, siempre me tuve, aunque ese "tenerme" haya sido de manera celestial, espiritual, etérea. Siempre pude hablar conmigo, a través de una pluma, a través de un papel. Nunca dejé mis cuadernos, ni mis libros, ni el ejercicio de mi mente. Eso siempre me impulsó a seguir. Eso, se puede decir, mi esencia, me acompaña hace un gran tiempo. Y es mi impulso, mi mente es mi impulso, aquella que siempre sabe dónde dirigirse aunque se encuentre por momentos en un vaivén de posibilidades. A ella escuché, a veces más y a veces menos, supe cuándo escucharla y cuándo tenía la posibilidad de ignorarla. Decidí ver y decidí c...
