Tu corazón es una casa. Una casa con muchos habitantes. Amor, esperanza, miedo, enojo, inseguridad, tristeza, felicidad o confianza. Pero tú eres el dueño de esa casa. Tú decides quién vive en ella y quién debe irse. Algunos sentimientos quieren vivir y quedarse en tu corazón, y no es fácil decirles adiós. Pero es lo mejor que puedes hacer, porque van a hacer de la casa un lío. Pueden arruinar tu corazón o por lo menos afectar en tu comportamiento. No los dejes entrar a tu corazón.
Tú eres el dueño de tu casa. Quieres vivir ahí o escapar? Tú decides.
