Tengo miedo. Miedo a tropezar con la misma piedra. Miedo a mirarte y que mires para otro lado. Miedo a que no me quieras, miedo a que no me aceptes. Miedo a que me lastimes, miedo a que me engañes. Miedo a que no me hables, miedo a que me dejes. Tengo miedo a estar contigo, y que luego todo quede en el olvido. Tengo miedo de que no sientas lo mismo por mi, y que esto no signifique nada para ti. Tengo miedo, simplemente. Miedo a enamorarme.
Peace is the way of love
Nunca perdí el impulso de seguir. De entender dónde si y dónde no. Nunca dejé de interpretar señales, de escucharme a mi, aunque a veces todo sea ensordecedor. Siempre me tuve, ahí, firme y guiándome, aún en esos momentos que me costaba salir de la cama, que me costaba poderme mantener en pie. Ahí estuve, abrazándome, aunque la niebla no me dejara ver. Nunca me perdí, jamás, siempre me tuve, aunque ese "tenerme" haya sido de manera celestial, espiritual, etérea. Siempre pude hablar conmigo, a través de una pluma, a través de un papel. Nunca dejé mis cuadernos, ni mis libros, ni el ejercicio de mi mente. Eso siempre me impulsó a seguir. Eso, se puede decir, mi esencia, me acompaña hace un gran tiempo. Y es mi impulso, mi mente es mi impulso, aquella que siempre sabe dónde dirigirse aunque se encuentre por momentos en un vaivén de posibilidades. A ella escuché, a veces más y a veces menos, supe cuándo escucharla y cuándo tenía la posibilidad de ignorarla. Decidí ver y decidí c...
