5 jul. 2015

Tus ojitos oscuros y achinados... frente a los míos. Es una tarde fría, pero estamos juntos. Vos me abrazás, me mimás. Yo entrelazo mis dedos en tu cabello, mientras sonrío.
Y sí, sonrío. Porque no puedo creer el tenerte cerca, el poder tocarte, el saber que la razón de tu alegría soy yo. Que me des ese lugar. El saber que nadie me lo puede robar.
Esa confianza interminable que te tengo, lo cómoda que me hacés sentir. Cómo me deseás. Cómo te beso. Lo que te quiero se funde en lo inmenso. Me derretís. Me hacés temblar. Tenes la receta exacta para hacerme vibrar.
Tu sonrisa, tan radiante y adictiva, tu actitud abierta, tus sentimientos nobles, tus ojitos. Qué lindos ojitos. No quiero nada más.
Una mirada y mil escalofríos. El tenerte, el abrazarte, el saber que sos mío. Y el saber que me cuidás. Como nunca antes nadie lo hizo.
Una mueca y ya sabés cómo estoy, qué me pasa, qué sentí. Tus perdones sinceros, tus enojos momentáneos tiernos y celosos. Mis ganas de besarte y no soltarte más. El calor de nuestros cuerpos si bien es invierno. Nuestro amor por la lluvia, por la comida, por las series. El querernos cuidar, el sentir tanto en tan poco tiempo. El te amo que se escapó, los mil millones de te quiero.
Te valoro hoy y siempre. Te admiro porque nunca conocí alguien igual. Sos millonario de alma, y por siempre siempre siempre


te quiero amar

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