21 jul. 2015

Creo que eso que llaman familia a veces es tan difícil de llevar. No siempre uno se siente parte, a veces sucede todo lo contrario y cuando es así lo único que uno quiere hacer es correr lejos e independizarse sea como sea. Es lo más triste, pero se siente que la estabilidad que podría llegar a concretarse en comunidad es nula.
No siempre es de tal palo tal astilla, no siempre el origen es igual al resultado. Hoy me siento diferente y con ganas de partir lejos, dejar atrás aquellas actitudes que me mal forman y poder ser yo misma. Acarreamos tantos defectos de nuestros familiares, copiamos actitudes que, inconscientemente nos llevan al mal, y, que yo sepa, nadie quiere estar mal.
Vivir en discusión no es sano, a veces hay que aceptar las diferencias con las que uno convive y no lo llamo conformismo, sino madurez. Pero muchas veces esas diferencias irrumpen tan fuertemente que uno saca lo peor de adentro. No tendría que ser así, para nada, pero es con lo que uno lidia día a día.
Quien ya vivió más de veinte años es propenso a tener su personalidad bien definida, y rara vez cambie sus actitudes. Uno no puede pretender cambiar al otro, sí puede cambiar sus actitudes en torno al otro. 
Entonces, frente a cada diferencia uno debe separarse de la situación y pensar ¿es esto en verdad un mal necesario? Y no. Uno no debe "hacerse mala sangre". La familia es la familia. No siempre nos toca la mejor, y así sucede con cualquier ámbito en el que tengamos que subsistir.
Uno debe estar orgulloso de la personalidad que uno formó, y más si era la familia que estaba errada. Uno debe independizar su ser, aunque la dependencia sea necesaria para vivir, no debe ser algo de lo que no podríamos salir.

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