15 abr. 2014

Me hundí en tus ojos. Fui cayendo en torno a tus mejillas, besé tus labios y allí me quedé. Débil, temblando, casi inconsciente. Me dejé sentir, me dejé ir... me perdí en cada sonrisa, en cada beso. Rocé tu cuerpo y sentí cómo mis sentimientos palpitaban cada vez más y más.
Juro echarme cualquier noche a dormir, y añorar tu cuerpo detrás del mío, abrazándome, diciéndome cosas al oído. Me demostraste qué es sentir paz y por qué, me hiciste creer en lo que nunca había creído: un universo paralelo para dos.
Increíblemente me condujiste a través de un mundo de aprendizajes, a tu lado supe entender qué es en verdad valorable, tu sonrisa me supo guiar cuando mi camino era oscuro, cuando mis esperanzas eran escasas y mis sueños ya habían expirado.
No podría imaginarme apartada, no podría concebir el hecho de despedirte en la estación y dejarte a recuerdo, como si todo esto podría finalizar, como si todo sólo podría llegar a ser parte de la memoria. Imposible, marcaste un espacio en mi vida, en mi alma pintaste de color mis infiernos, y eso, estoy segura, nunca va a cambiar.

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