29 abr. 2014

Me está costando tanto escribir, en esta fría noche, abril número 28 de dos mil catorce, en la que son más desconciertos que certezas, más confusiones que puertas abiertas. Es que mi mente está ya nublada, ya nada quiere entender ni seguir razonando. 
Pasa que, eso que esta allí, en el inconsciente... se asoma cada tanto en mi conciencia y me está liquidando la sien. Ya no puedo recitar las palabras, no puedo recordar ni imaginar lo ocurrido porque mi mente comienza poco a poco a dejar de funcionar. Quedo en estado de shock, ahora no quiero hablar, ni escuchar, ni sentir. Quizás solo ver... La realidad con mis propios ojos. 
Mirar, fijamente... el horizonte, el infinito: siempre tan lleno de sorpresas. Al final, todo queda limpio sobre una verdad. Ya no quiero cegarme a nada, y aquí llegamos con mi gran preocupación: el amor.
Creo que el amor te ciega, te deja estancada en el medio del desierto sin saber qué dirección tomar, todo lo que ves es a la otra persona y desparramás en ella tus sentidos, tus preocupaciones, tus desvelos. ¿De verdad se puede vivir así, dándole a la otra persona todas las armas, incluso el revólver? Dejás todo en el otro siendo consciente de que con una simple indiferencia te causa daño, siendo vulnerable a todo tipo de reacción, a todo tipo de acto cruel, de injuria, de sentimiento...
Quiero auto-convencerme de que estoy equivocada, de que mis pensamientos no son correctos... pero mi mente maquinea y maquinea, ya no tiene límites ni frenos.

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